2015-02-23

Nalgadas, la última frontera

Después del épico suceso de Princess en el estacionamiento de la guardería, alguien me comentó que una rápida nalgada probablemente habría calmado a mi hija. Podría ser. Definitivamente habría sido más fácil que el caos de ver agitándose a una niña de cuatro años de edad en el asiento de coche. Y confía en mí, cuando mi dulce niña bajó su puño como un martillo sobre mi nariz, un pequeño porcentaje de mí quería hacerle entender de forma clara a mi hija que pegar duele. Creo que es una reacción bastante normal para un niño al sentir ira y frustración, pero igual yo no estoy muy cómodo.

Cuando MadreOnFire y yo nos convertimos en padres, de mutuo acuerdo dijimos que no íbamos a pegarles a nuestros hijos. Fue una decisión muy fácil para nosotros hacerla en ese momento. Teníamos esta pequeña, suave e indefensa  personita acurrucada en los brazos. Nos miramos a los ojos, y luego dijimos: "Nunca debemos pegarle a esta persona perfecta y pequeña que acaba de nacer."

Y ahora me siento como si yo no tengo nada. El "tiempo fuera" rara vez funciona. El quitarle ciertos juguetes no funciona muy bien. La explicación de que debe calmar los sentimientos sólo parece ser efectivo después del huracán. Pero en los momentos previos a la "rabieta" no tengo nada. Miro a mi hija a los ojos y digo: 

"No te atrevas a comer esa galleta que te acabo de decir que no puedes tener, que luego pondrás en tu boca y que en este preciso momento estás masticando, y que en el momento en que vayas a tragarla yo terminaré esta frase, que era sólo una carrera porque sé que una vez que llegue al final de la misma, tú te habrás tragado la galleta que acabo de decir explícitamente que no te vas a comer para tener algún tipo de disciplina para contrarrestar tu desafiante actitud, del cual yo no tengo ninguna, porque no te preocupa el tiempo fuera, o los juguetes, o cualquier otra cosa, y yo no puedo pegarte porque prometí cuando eras más pequeña y linda que Yo no lo haría, y ahora eres una niña tamaño grande y acabas de poner otra galleta en tu boca! "

FUUUUUUUUUU%&%"$#()!"!"UUCK

No se preocupen, esa parte de la grosería solo sucedió en mi cabeza, y además usé unos signos en el medio de la palabra lo que hace que esta no sea una grosería. ¿NO?

La verdad es que, toda la vida, le hemos estado mintiendo a nuestra hija. Hemos estado mintiéndonos a nosotros mismos. Hemos estado construyendo una cerca invisible que sólo existe alrededor de ella, en la medida que ella crecía.

"Escucha bien, o si no...”
"Es mejor que hagas esto antes de que cuente hasta 3" 
"Si no haces aquello ahora mismo vas a estar en problemas!"

¿Se puede ser más mentiroso que eso?

Y mi hija hacía caso! Ella nunca quiso ver lo que estaba del otro lado de la cortina. El "o si no" era suficiente. Pero, en nuestro nuevo dilema de padres, el PapaOnFire y Esposa "del pasado" le desean preguntar al PapaOnFire y esposa "del Futuro" que pasaría cuando lleguemos a contar 3. 

"Princess, será mejor que hagas [cosa al azar] antes de que cuente hasta tres. Voy a empezar a contar. Uno ... dos ... (¡Oh, no. Ella va a dejar que yo llegue a tres. Ella como que se dio cuenta que no sé qué hacer cuando llegue a tres. Tengo que detenerme. ¿Cómo me puedo detener antes de llegar a tres???) Doooooooooooos.... (En realidad PapáOnFire Sólo dijiste dos de nuevo para ganar más tiempo. Tú eres muy creativo, y eso es todo lo que se te ocurrió? ¿Te das cuenta que todavía está diciendo dos, mientras que estás pensando en esto?) Oooooooooooooooo (Ella sabe que estás fanfarroneando. Comienza a llorar. Reza por que suene el teléfono. Haz como si tuvieras un falso ataque al corazón. Sólo hagas lo que hagas, no digas...) TRES! "

Y la batalla había terminado. Ella había ganado. Nos miramos el uno al otro en silencio sin parpadear. Vi como ella lentamente se dio cuenta de que solo fingía. Todo sobre el conteo hasta 3 era una ilusión. No hubo nada. No había ninguna cerca. Su mundo se abrió. Lo intenté de nuevo, porque soy tonto.

"Uno... dos... tres"

Nada. Yo no tenía nada. Hemos intentado el refuerzo positivo, ella se ríe y se come otra galleta. Hemos tratado el tiempo de espera. Claro, ella se sienta en su habitación, pero no parece importarle. He explicado con calma por qué ella tiene que escucharme, pero mi "por qué" no parece importarle a ella. Y así, en los momentos más duros, y fugazmente pienso: "Ojalá pudiera pegarle. Sería más fácil que esta pantomima del 3 y castigo". Una "firme" nalgada sería un excelente motivador.

Pero no.

Una vez, hace no mucho tiempo, le agarré el brazo a mi hija de forma muy violentamente cuando me lanzó mi teléfono al suelo, y por un segundo, la apreté. Vi como su mirada pasó de la ira a saber que repentinamente yo soy mucho, mucho más fuerte que ella. "Papá no es sólo un tipo de peluche suave. Si tuviera que elegir, el podría infligirme dolor". No fue un apretón muy fuerte, pero era más fuerte de lo que jamás la había agarrado a ella, y cuando vi sus ojos rápidamente, sabía lo que ella estaba viendo. 

Miedo. Mi hija me tenía miedo.

Ella comenzó a sollozar. La solté y enterré mi cara en su pelo, pidiendo disculpas una y otra vez. Ella dijo que lo siento también, y eso me destruyó. Ella no lo sentía. Ella es demasiado joven para incluso captar el concepto de "lo siento". Ella estaba tratando de evitar mi ira. Eso no es lo que quiero. Eso no es un camino que quiero comenzar a recorrer. Ella no debería tener que manejar mis emociones para evitar la posibilidad de que yo le pueda hacer daño.

Tengo amigos que dan nalgadas. Me dicen, "simplemente no des nalgadas enojado." Eso no funciona para mí. Las únicas veces que quiero golpear a mis niños es cuando estoy furioso con ellos. No puedo desenganchar golpear con la ira. Tal vez algunas personas puedan, pero para mí no, todas las formas de violencia, incluso las más pequeñas, son emocionales que se expresan de forma física. No es el padre que tuve. Y ese no es el padre que quiero ser para mis hijos.

Entonces, ¿dónde nos deja eso a mi esposa y a mí? Quiero decir, en la escala del 1 a "Engendro del diablo" Yo diría que mis hijos, en su peor momento, están por debajo de un 5. Así que no estamos haciendo las cosas tan mal. Y no es que se la pasan en un modo constante de "desafío contra sus padres". Incluso hace unas semanas todos sus conflictos han terminado bien tanto de su parte como de la nuestra.

En su mayor parte los niños son perfectamente agradables. Yo no estoy listo para comer de la manzana del árbol de la ciencia y de repente darme cuenta de que no hay nada más allá de contar hasta 3. Para mis desafiantes hijos, supongo que voy a tener que enseñarles las razones reales por las que deberían escuchar nuestras instrucciones. Esto presenta dos retos. Vamos a necesitar una buena razón, y de alguna manera tenemos que conseguir que nos crezcan.

O empezaré a contar hasta 50.





2015-02-20

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