2015-08-19

El zapato, la rabieta y TOC.


Una nota del Personal: Desde que soy padre, he sentido muchas clases de miedo. No dude en visitar esos detalles horripilantes aquí. La emocionante conclusión será contada ahora mismo. Principalmente porque soy Padre y quiero prepararlos para Halloween.
Antes que todo debo confesarles que desde que tengo memoria siempre he sufrido una leve  pero muy leve, pero extremadamente leve… Trastorno Obsesivo compulsivo.  Pero no se asusten, es solo una “compulsión” que me genera toda clase de molestia cuando no veo algo organizado como un par de zapatos en el lugar correcto (zapato izquierdo al lado izquierdo del zapato derecho y no a la inversa), o un rompecabezas que le faltan piezas y no está armado, un teléfono descolgado, etc. Cosas que como ven, no es muy bueno cuando se tienen niños en la casa.
En fin, la historia.

Ayer me detuve en una bomba de gasolina y casi de inmediato comenzó una pelea de bar dentro del coche, para ver quién de los 2 niños iba a pagar por la gasolina. Instintivamente saqué 2 billetes, uno de 2bs y otro de 5. El de 2Bs se lo di a Fabián y el de 5 a Sophia. GRAVE ERROR… si algo que debía haber aprendido es que nunca debo dar algo diferente a 2 niños. Es decir, Sophia tenía un billete de 5 y Fabián uno de 2. La lógica dice que la que tenga el de 5 debería ser más feliz que el de 2. Pero a que no saben? Los niños no saben de lógica. Sophia no le interesa que pueda comprar más con su billete que su hermano. Ella asume que el billete que yo le di a Fabián es mejor y por ello necesita reclamar un trato justo. Pero lamentablemente solo tenía 1 de cada uno, por lo que Sophia se quedó llorando de frustración.

El hecho es que de allí en adelante todo fue un desastre, quedó molesta y no razonaba, solo lloraba por el incidente del billete y sus siguientes reacciones era un consecuencia de no haber recibido un billete igual que el de Fabián. Le ofrecí comprarle una chupeta y llorando me dijo que no quería. Le ofrecí una galleta y volvió a gritar que no quería galleta. Le ofrecí comprar un Jugo y aceptó (menos mal, porque después de eso le iba a ofrecer dejarla en la bomba e irme). Luego fue otra serie de negociaciones para que bajara del carro:
Llegamos, bájemonos.

NO BAJATE TÚ.
Ok, camina.
NO CARGAME.
Ok, te cargo hasta la acera mientras busco a tu hermano.
NO TE VAYAS! NO LO BUSQUES!
Hasta allí llegó mi paciencia y le dije de forma tajante: Basta Sophia! Te estoy tratando bien y quiero comprarte algo y solo me gritas. Sabes qué? Nos vamos. Vamos a casa.
Allí se incrementó el berrinche y los gritos fueron mucho más alto. Tanto así que la cargué como pude y la metí en el carro porque se había tirado en el suelo.

En el carro fueron el viaje más largo de mi vida como Padre, como 5 km escuchando un llanto. Luego se calmó.
Cuando llegamos a casa, como siempre me puse a ordenar los bolsos y sus juguetes para no olvidar nada en el carro, y luego sucedió. El mayor de mis temores se hizo realidad… SOPHIA HABIA PERDIDO UN ZAPATO.

Como se imaginarán, esto añadido a mi molestia por el agudo y largo llanto de Sophia hizo que mi paciencia y cordura explotara.
AAAAAAAAAAAAARGG!!
No fue el hecho de haber perdido el zapato, aunque claro era un zapato bonito con un gran recuerdo de haber sido comprado en unas vacaciones en Diciembre. Lo que realmente hizo que yo explotara es que HABIA PERDIDO UNO!... o sea, mi Compulsión siempre me ha hecho ordenar de forma automática un zapato al lado del otro, pero ver que tengo un zapato de 2, hizo que mi mente explotara.
Lloré de la frustración, subí a la casa, agarré una almohada y ahogué mi grito allí, luego le di unos buenos golpes al colchón. Pero orgullosamente, me di cuenta de que mi rabia no era culpa de mi hija y se lo hice saber. “Sophia cariño, no te preocupes por el zapato. Ya resolveremos. Quieres comer 
algo?”. Y ellos me veían y solo me decían “Papá tranquilo, no le pegues a la almohada solo dale despacio”.

El hecho, es que me di cuenta de que uno como padre muchas veces, le exige a sus hijos cosas pocos realista como por ejemplo, que el niño controle sus emociones (rabia, molestia, frustración, etc.) cuando evidentemente YO no puedo hacerlo.
De igual forma:
·         Le gritamos a los niños que dejen de gritar (Yo no lo hago).
·         Le pedimos que nos respeten, cuando nosotros no los respetamos. (Tampoco lo hago).
·         Nos molestamos cuando los niños nos mienten, cuando nosotros le mentimos sobre quien se comió el dulce de la nevera. (Si lo hago).
·         Regañamos a los niños por pegarle a su hermano, cuando los niños ven que sus padres no se respetan. (Tampoco lo hago)
El hecho es que como adulto, nosotros no predicamos con el ejemplo. No sirve de nada si le decimos a un niño que fumar mata, cuando ve a un adulto fumando. O quizás algo no tan drástico, como decirle que no tomen refresco de cola negra, cuando en la nevera hay un refresco.
Justo el día de ayer, vi un video de unos amigos blogueros y padres, donde uno decía “Antes de castigar o de decirle algo al niño, míralo a los ojos por 3 segundos”. Eso es para que te dé tiempo para calmarte pero adicionalmente yo les digo:
“Antes de gritar o de decirle algo a un hijo, pregúntese: Yo le estoy pidiendo al niño algo que yo no cumplo?... o si lo cumplo ¿Cuánto tiempo me llevó hacerlo?”

Con ese tipo de preguntas verás que cambiará tu visión del mundo y del niño.
Porque, como le voy a pedir a un niño que controle su rabia cuando yo no lo puedo hacer. O si lo hago, es porque me tomó 30 años de mi vida versus 4 años de vida que tiene mi hija.
Desde ese punto de vista, podrás aceptar y aprender a canalizar las emociones de tus hijos. Aceptarás que es muy difícil pero no imposible, aprender a controlarlas. Tus hijos se sentirán más cerca de ti porque los entiendes, y perdonas.

Nota final: Para que sepan que tan fuerte es mi compulsión, estuve a punto de encender el carro a las 6pm, 8pm, 12 pm y 3 am para irme a buscar el zapato, que está a 12 km de mi casa. Inclusive, esta mañana pasé al frente de la bomba y tanto Sophia como yo, dijimos “ALLI ES DONDE ESTA EL ZAPATO”.  Pero no me detuve. En el mejor de los casos iba a conseguir el bendito zapato pero eso iba a crecer mi dependencia a tener un absurdo orden. Lo mismo sucede con los rompecabezas, recuerdo que muchas veces acostaba a dormir a Sophia y me iba escapado a los cuartos de juguetes en las madrugadas a “completar el rompecabezas” que no habían finalizado.


Hasta la próxima, lectores!